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jueves, 30 de junio de 2011
LOS INDIOS HUITOTOS EN LA PRENSA ESPAÑOLA
"Cuando, el último día de agosto de 1910, Roger Casement llegó a Iquitos después de seis semanas y pico de viaje agotador que los trasladó a él y a los miembros de la Comisión desde Inglaterra hasta el corazón de la Amazonía..." (fragmento de El sueño del celta de Mario Vargas Llosa)...los lectores del periódico de Barcelona La Vanguardia ya conocían la situación que los británicos encontrarían allí. En efecto, este periódico catalán había publicado un par de meses antes, el 16 de Junio de 1910, y bajo el título Obra Humanitaria un artículo del vicepresidente de la Sociedad Libre de Estudios Americanistas, Enrique Deschamps sobre el tema del maltrato a los indígenas de la Amazonía. El núcleo de ese artículo estaba constituido por la denuncia de un, todavía, liberal Ramiro de Maeztu a la explotación de los indios huitotos (uitotos, witotos o güitotos) por la compañía cauchera inglesa Peruvian Amazon Company. Leamos un fragmento de esa denuncia: "...Se obliga a los indios a entregar cada día tantos kilos de caucho. Cada capataz es ayudado por una patrulla de hombres armados, que en algunas secciones no pasan de cinco y en otras no bajan de ochenta. Y si los indios no entregan cada diez días la cantidad señalada, son unas veces azotados, otras mutilados y otras fusilados. Adviértase que aquellos indios «huitotos» son sencillos, hospitalarios, incapaces de organizarse para ninguna clase de oposición y de protesta y, por añadidura, carecen de armamentos..." El citado artículo se puede leer completo en la magnífica hemeroteca virtual de La Vanguardia.
LOS CAUCHEROS DEL PUTUMAYO (PERÚ) Y DEL CONGO BELGA
Estas dos fotografías de principios de siglo XX nos muestran imágenes sorprendentemente similares.
Todos son recolectores de caucho, ninguno de ellos es blanco, ninguno de ellos habla una lengua europea o cree en un dios único y todopoderoso: son salvajes. Es posible que, incluso, hayan practicado el canibalismo.
Unos son los pobladores originarios de esa zona del Perú en la que viven, a orillas del río Putumayo (tal vez sean huitotos, ocainas, andoles, boras, muinanes, monuyas o rezígaros).
Los otros son los habitantes primigenios de las tierras bañadas por el río Congo africano (quizás sean bobangis, ntombas, batwas, basengeles o batendes).
A todos ellos se les ha encomendado la misión de civilizarse, de hablar lenguas europeas, de conocer la infinita bondad de su Salvador, de adquirir hábitos racionales de trabajo...
Para toda esa inmensa labor civilizadora el bondadoso blanco ha puesto a su disposición abnegados misioneros (que intentarán ganar sus almas para Dios) y ambiciosos hombres de negocio que harán que esos cuerpos salvajes trabajen extrayendo el preciado caucho de sus selvas.Muchos son los escritores que han dedicado su genio a describir la tragedia que entre 1885 y 1908 arrasó la cuenca del Congo: Joseph Conrad, Mark Twain, Conan Doyle e, incluso, nuestro Bernardo Atxaga (Zazpi etxe Frantzian). Pocos han sido, sin embargo, los que se han ocupado de la tragedia que, aproximadamente en la misma época, se estaba desarrollando en la Amazonía peruana. Es evidente que el número de muertos marca la diferencia (de 5 a 10 millones en África frente a unos 100.000 en Ámerica) pero la barbarie de ambos procesos civilizadores fue muy similar.
Mario Vargas Llosa va a publicar el próximo 3 de Noviembre la novela "El sueño del celta" basada en la vida del irlandés Roger Casement. Este interesante personaje, actuando como cónsul inglés, tuvo el coraje de denunciar en su tiempo ambas situaciones, la del Congo y la del Putumayo.
Veamos que nos cuenta el excelente novelista (aunque blanquito civilizador) Vargas Llosa en esta nueva obra.
KATENERE, UN HÉROE DE LOS INDIOS BORAS
La historia del cacique bora Katenere queda escondida en la maraña de relatos que Vargas Llosa teje en "El sueño del celta".
Katenere es el protagonista de una rebelión contra la violencia que a principios del siglo XX estrangulaba física y mentalmente a los indígenas del Putumayo. Eran los tiempos del caucho. El cacique bora asesinó a Bartolomé Zumaeta -pariente del todopoderoso rey del caucho Luis César Arana- por haber violado a su mujer. Robó los rifles de sus jefes y al frente de un pequeño grupo de su tribu se internó en la selva. Durante dos años no pudieron detenerlo. Después llegaron su delación, tortura y asesinato, porque así suelen terminar las aventuras de los héroes del pueblo.
A pesar de ser el relato de la única rebelión indígena, ya sea en el Congo, ya en la Amazonía, de la novela, no ocupa ni una página completa:

Katenere es el protagonista de una rebelión contra la violencia que a principios del siglo XX estrangulaba física y mentalmente a los indígenas del Putumayo. Eran los tiempos del caucho. El cacique bora asesinó a Bartolomé Zumaeta -pariente del todopoderoso rey del caucho Luis César Arana- por haber violado a su mujer. Robó los rifles de sus jefes y al frente de un pequeño grupo de su tribu se internó en la selva. Durante dos años no pudieron detenerlo. Después llegaron su delación, tortura y asesinato, porque así suelen terminar las aventuras de los héroes del pueblo.
A pesar de ser el relato de la única rebelión indígena, ya sea en el Congo, ya en la Amazonía, de la novela, no ocupa ni una página completa:

"El joven cacique bora del lugar, llamado Katenere, una noche, apoyado por un grupito de su tribu, robó los rifles de los jefes y «racionales», asesinó a Bartolomé Zumaeta (pariente de Pablo Zumáeta), que en una borrachera había violado a su mujer, y se perdió en la selva. La Compañía puso precio a su cabeza. Varias expediciones salieron en su busca. Durante cerca de dos años no pudieron echarle mano. Por fin, una partida de cazadores, guiada por un indio delator, rodeó la choza donde estaba escondido Katenere con su mujer. El cacique logró escapar, pero la mujer fue capturada. El jefe Vásquez la violó él mismo, en público, y la puso en el cepo sin agua ni alimento. La tuvo así varios días. De tanto en tanto, la hacía azotar. Finalmente, una noche, el cacique apareció. Sin duda había espiado las torturas de su mujer desde la espesura. Cruzó el descampado, tiró la carabina que llevaba y fue a arrodillarse en actitud sumisa junto al cepo donde su esposa agonizaba o ya estaba muerta. Vásquez ordenó a gritos a los «racionales» que no le dispararan. El mismo le sacó los ojos a Katenere con un alambre. Luego lo hizo quemar vivo, junto con la mujer, ante los indígenas de los alrededores formados en ronda" (El sueño del celta, pág 221) .
Según parece los consumidores de narraciones literarias (o cinematográficas) prefieren héroes cercanos con los que identificarse y los creadores... se los dan.
Esta tendencia, que llega al paroxismo en las narraciones cinematográficas estadounidenses, está bastante generalizada. 

En la reciente película de la directora española Icíar Bollaín, También la lluvia, un forzado happy end roba el protagonismo heroico al indígena encarnado por Juan Carlos Aduviri, Daniel (en representación de todo el pueblo boliviano de Cochabamba). El guión le obliga a rcompartir el papel de héroe con Costa, el cineasta español interpretado por Luis Tosar.
lunes, 27 de junio de 2011
LA CASA VERDE DE LOS AGUARUNAS Y HUAMBISAS
Si viajar es trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante (según la R.A.E), es indudable que la lectura de ciertos libros permite viajes -mentales- tan interesantes como algunos físicos. Este es el caso de la novela La casa verde de Mario Vargas Llosa publicada hace ya más de 40 años, en 1966.
El azar ha hecho que caiga en mis manos ese libro, ya viejo y destartalado por el uso. Vuelvo a leer las peripecias de sus personajes que me llevan a dos escenarios casi míticos:
a) la ciudad peruana de Piura, azotada continuamente por un viento que trae arena del desierto, y el prostíbulo la Casa Verde situado a sus afueras.
b) la cuenca del Marañon, región selvática de la Alta Amazonia, situada entre Perú, Ecuador y Brasil.
Aguarunas
Huambisas

Escenarios de La casa verde
En el segundo escenario, el de la cuenca amazónica peruana, aparecen como meros figurantes las poblaciones indígenas de la zona: huambisas, aguarunas, achules, muratos y shapras, todos ellas . emparentadas con los jíbaros. Estas etnias que aún sobreviven en la selva peruana son en la narración como el telón de fondo necesario para que los seres civilizados den rienda suelta a sus eternas pasiones de ambición, deseo, amor, amistad , odio...
Ellos, los indígenas, no hablan en la descripción de ese narrador desconocido que emplea Vargas Llosa en su novela, sino que gruñen, aúllan y escupen.
”Pero la interrumpieron unos gruñidos que habían brotado como si en la despensa hubiera oculto un animal que súbitamente enfurecido, se delataba aullando, roncando, ronroneando, chisporroteando ruidos altos y crujientes desde la oscuridad, en una especie de salvaje desafío...
¿Ves mamita? -dijo Bonifacia ¿No me has entendido mi pagano?”
Hay un evidente desprecio hacia esa lengua pagana hablada por los indígenas. Desprecio que no es mitigado por Vargas Llosa al no descubrirnos quién es el narrador de la historia y pretender que sea un narrador objetivo.
Bonifacia, la Selvática, la hablante de esa menospreciada lengua es, sin duda, uno de los personajes centrales de la novela. Arrancada de su tribu, los aguarunas, cuando era una niña es llevada a la Misión de las monjas de Santa María de Nieva. Un secuestro que también han sufrido decenas de otras niñas indígenas arrebatadas de sus familias con el objetivo de ser educadas y culturizadas, es decir, cristianizadas.
Uno de los diálogos entre los soldados que buscan a las niñas huidas de la misión es significativo:
-Mal hecho arrancarle así a sus criaturas. Me he soñado dos veces con ellas.
-Era por su bien, Chiquito. Para enseñarles a vestirse, a leer y a hablar en cristiano.
-¿O prefieres que se queden chunchas? -dijo el Oscuro.
-Y, además, les dan de comer y las vacunan, y duermen en camas-dijo el Pesado-
En Nieva viven como no han vivido nunca.
-Pero lejos de su gente -dijo el Chiquito-. ¿A ustedes no les dolería no ver más a la familia?
...
-Está muy bien que las culturicen -dijo el sargento-. Sólo que por qué a la fuerza.
...
-Y si ellos no quieren civilizarse, qué nos importa -dijo el Chiquito-. Cada uno con sus costumbres y a la mierda.
-Te compadeces de las criaturas porque no sabes cómo las tratan en sus pueblos -dijo el Oscuro-. A las recién nacidas les abren huecos en las narices, en la boca...
Estamos ante uno de los temas más interesantes que sugiere el libro: ¿Culturización? ¿De qué tipo?¿En qué condiciones?¿Quién la decide y controla?...
Aún hoy el debate está abierto
Siguiendo con la narración de la vida de Bonifacia, vemos que es expulsada de la misión por haber permitido la huida de varias de las pupilas y que se casa con el Sargento, otro de los personajes centrales de la novela. Cuando éste va la cárcel, Bonifacia se ve obligada a subsistir como prostituta en La Casa Verde.
Es decir, cuando los indígenas amazónicos abandonan su gran casa verde, la Selva, se ven forzados a sobrevivir en La Casa Verde, ese gran lupanar -casa-de-putas que la civilización tiene preparado para ellos.
Ésta podría ser una de las lecturas de esta gran novela.
La novela nos presenta a aguarunas y a huambisas enfrentados y manipulados por los traficantes de caucho. Son los años 40 y ese material tiene un importante valor estratégico en un mundo que se desangra en una guerra mundial.
Ahora, ya en el siglo XXI los territorios de estas comunidades son codiciados por su riqueza en gas y petróleo. Ello ha hecho que estos pueblos se unan en defensa de su tierra y hayan tenido fuertes enfrentamientos con las fuerzas policiales.
El azar ha hecho que caiga en mis manos ese libro, ya viejo y destartalado por el uso. Vuelvo a leer las peripecias de sus personajes que me llevan a dos escenarios casi míticos:
a) la ciudad peruana de Piura, azotada continuamente por un viento que trae arena del desierto, y el prostíbulo la Casa Verde situado a sus afueras.
b) la cuenca del Marañon, región selvática de la Alta Amazonia, situada entre Perú, Ecuador y Brasil.
Aguarunas
Huambisas 
Escenarios de La casa verde
En el segundo escenario, el de la cuenca amazónica peruana, aparecen como meros figurantes las poblaciones indígenas de la zona: huambisas, aguarunas, achules, muratos y shapras, todos ellas . emparentadas con los jíbaros. Estas etnias que aún sobreviven en la selva peruana son en la narración como el telón de fondo necesario para que los seres civilizados den rienda suelta a sus eternas pasiones de ambición, deseo, amor, amistad , odio...
Ellos, los indígenas, no hablan en la descripción de ese narrador desconocido que emplea Vargas Llosa en su novela, sino que gruñen, aúllan y escupen.
”Pero la interrumpieron unos gruñidos que habían brotado como si en la despensa hubiera oculto un animal que súbitamente enfurecido, se delataba aullando, roncando, ronroneando, chisporroteando ruidos altos y crujientes desde la oscuridad, en una especie de salvaje desafío...
¿Ves mamita? -dijo Bonifacia ¿No me has entendido mi pagano?”
Hay un evidente desprecio hacia esa lengua pagana hablada por los indígenas. Desprecio que no es mitigado por Vargas Llosa al no descubrirnos quién es el narrador de la historia y pretender que sea un narrador objetivo.
Bonifacia, la Selvática, la hablante de esa menospreciada lengua es, sin duda, uno de los personajes centrales de la novela. Arrancada de su tribu, los aguarunas, cuando era una niña es llevada a la Misión de las monjas de Santa María de Nieva. Un secuestro que también han sufrido decenas de otras niñas indígenas arrebatadas de sus familias con el objetivo de ser educadas y culturizadas, es decir, cristianizadas.
Uno de los diálogos entre los soldados que buscan a las niñas huidas de la misión es significativo:
-Mal hecho arrancarle así a sus criaturas. Me he soñado dos veces con ellas.
-Era por su bien, Chiquito. Para enseñarles a vestirse, a leer y a hablar en cristiano.
-¿O prefieres que se queden chunchas? -dijo el Oscuro.
-Y, además, les dan de comer y las vacunan, y duermen en camas-dijo el Pesado-
En Nieva viven como no han vivido nunca.
-Pero lejos de su gente -dijo el Chiquito-. ¿A ustedes no les dolería no ver más a la familia?
...
-Está muy bien que las culturicen -dijo el sargento-. Sólo que por qué a la fuerza.
...
-Y si ellos no quieren civilizarse, qué nos importa -dijo el Chiquito-. Cada uno con sus costumbres y a la mierda.
-Te compadeces de las criaturas porque no sabes cómo las tratan en sus pueblos -dijo el Oscuro-. A las recién nacidas les abren huecos en las narices, en la boca...
Estamos ante uno de los temas más interesantes que sugiere el libro: ¿Culturización? ¿De qué tipo?¿En qué condiciones?¿Quién la decide y controla?...
Aún hoy el debate está abierto
Siguiendo con la narración de la vida de Bonifacia, vemos que es expulsada de la misión por haber permitido la huida de varias de las pupilas y que se casa con el Sargento, otro de los personajes centrales de la novela. Cuando éste va la cárcel, Bonifacia se ve obligada a subsistir como prostituta en La Casa Verde.
Es decir, cuando los indígenas amazónicos abandonan su gran casa verde, la Selva, se ven forzados a sobrevivir en La Casa Verde, ese gran lupanar -casa-de-putas que la civilización tiene preparado para ellos.
Ésta podría ser una de las lecturas de esta gran novela.
La novela nos presenta a aguarunas y a huambisas enfrentados y manipulados por los traficantes de caucho. Son los años 40 y ese material tiene un importante valor estratégico en un mundo que se desangra en una guerra mundial.
Ahora, ya en el siglo XXI los territorios de estas comunidades son codiciados por su riqueza en gas y petróleo. Ello ha hecho que estos pueblos se unan en defensa de su tierra y hayan tenido fuertes enfrentamientos con las fuerzas policiales.
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